La visita al oftalmólogo es habitual para quien padece alguna anomalía en su visión; paso posterior, la óptica para la realización de los anteojos o lentes de contacto, según cada necesidad. Sin embargo hay un paso previo del que ni usted ni yo formamos parte, pero somos víctimas, arreglos entre oftalmólogos y ópticos. El médico lo envía a determinada óptica a realizarse sus anteojos y en aquél comercio, al precio real del lente le incrementan un porcentaje que va directo al bolsillo del primer profesional.
En San Francisco, son mayoría las ópticas que trabajan con algún oftalmólogo en particular. La metodología usada es recomendarle cierto comercio, argumentando que ese lugar es el mejor y que van a realizarle correctamente el trabajo. El paciente sin dudarlo, por ciega confianza en la palabra del profesional, acude a dicha óptica. Allí probablemente le realizan un excelente trabajo, pero acabó pagando aproximadamente el 30% más del valor real del anteojo.
Para corroborar lo que estamos diciendo a partir de una denuncia expresada en nuestro medio, concurrimos a tres profesionales, seleccionados al azar, de nuestra ciudad. Con la excusa de un control, consulta por dolores de cabeza y la intención de cambiar los lentes, acudimos a los consultorios. El primer oculista luego de una revisación normal para alguien que no cambia sus anteojos en varios años, nos envió a una óptica ubicada en el centro de nuestra ciudad.
Este médico argumentó que en aquél comercio al que nos había sugerido ir, sería el lugar donde mejor nos atenderían y realizarían el trabajo, pues los lentes tenían una particularidad y no eran sencillos de hacer. Fuimos de inmediato a consultar presupuesto a dicha óptica. Allí nos dieron el precio, 638 pesos las lentes recetadas, más 300 pesos aproximadamente del armazón. Por supuesto no nos quedamos con eso y fuimos a consultar a otra óptica distinta de la sugerida por el médico.
En la segunda óptica, las mismas lentes recetadas por el oculista costaban 479 pesos, más 180 pesos aproximados del armazón. Con lo cual estábamos corroborando la sospecha que teníamos. La óptica recomendada por el médico nos estaba cobrando un 30% más del valor real del anteojo, lo que podría indicar un arreglo previo entre el primer profesional (oftalmólogo) y el segundo (óptico).
La semana siguiente visitamos al segundo oculista, en esta oportunidad el médico nos realizó un exhaustivo control de la vista, incluyendo fondo de ojo. La consulta duró aproximadamente 20 minutos, al no tener ninguna patología importante y solo necesitar un aumento mínimo en los lentes, resultó extraño. Comenzamos a pensar que los profesionales sabían de nuestra investigación por lo que inclusive el valor de la consulta fue menor al habitual.
En este caso, el médico nos envió a una óptica céntrica de la ciudad, distinta a la primera, con una nota para la profesional del comercio, lo que nos hizo sospechar más aun el conocimiento de ellos sobre nuestra presencia. En el negocio, la óptica nos dio los precios de los lentes que coincidían con el valor real. Aquí no pudimos corroborar el cobro de un porcentaje para el doctor, sin embargo sí nos envió a un comercio en particular.
El tercer oftalmólogo, además de cobrar una consulta exorbitante, nos vio rápidamente y no nos realizó un control en profundidad. Sí nos indicó que fuésemos a una óptica céntrica en particular, argumentando que allí nos realizarían el mejor trabajo. En este caso, sucedió igual que al principio, el valor del lente era considerablemente más elevado al real.
Además del negocio existente entre médicos y ópticos, es importante destacar que ninguno de los valores del aumento de las lentes recetadas coincidía. Todos varían, tal como varió la exhaustividad del control por parte del oculista.
Lo cierto de todo esto es que en los tres casos, los médicos nos enviaron a determinados comercios de la ciudad, se hayan o no enterado de nuestra investigación. El oculista no debería mandar a sus pacientes a cierto negocio, pues de esta manera coarta la posibilidad de las demás ópticas de trabajar y del paciente de elegir un comercio de acuerdo a su necesidad y su bolsillo.
Veamos la Ley
Por otro lado, las ópticas poseen igual parte de responsabilidad ya que por medio de estos acuerdos pactan con los médicos para acrecentar el número de clientes. Sin mencionar que faltan al Código de Ética que forma parte de la Ley 7802, Estatuto del Óptico Profesional, del Colegio de Ópticos de la Provincia de Córdoba. El artículo 14 del Capítulo II, dice: “Constituye falta grave la participación de honorarios entre los profesionales ópticos, técnicos ópticos-oftálmicos y contactólogos, con otros del arte de curar, recíprocamente, como así también el pago de comisiones de cualquier naturaleza a personas que puedan influir en los clientes, ya sean estas expresas o encubiertas”.
Así como está contemplado en este artículo, es netamente ilegal el acuerdo que los ópticos realizan con los médicos oftalmólogos, pues ese monto extra que le cobran al paciente, va directo y sin escala al bolsillo del oculista. Clientes a cambio de una comisión o “cometa”, como más le guste.
De esta manera vemos que no sólo el médico falta a su ética, sino también el óptico, pues el artículo 4 del mismo Código, reza: “El óptico, técnico óptico oftálmico y contactólogo, será una persona honrada, proba y circunspecta, tanto en el ejercicio de su profesión donde antepondrá el bienestar del paciente a cualquier apetencia material, como en los demás actos de su vida”.
Cabe destacar que una persona honrada y circunspecta no roba a sus pacientes, al contrario los ubica en un lugar de privilegio e intenta a través de la buena atención y la calidez, que el cliente se sienta cómodo, quede satisfecho y vuelva en otra oportunidad. “Antepondrá el bienestar del paciente a cualquier apetencia material”, suena bien, correcto, pero luego de esta investigación y constatación del dato llegado a nuestros oídos, más que correcto, suena irónico.
Tenga en cuenta que el único que estará siempre pendiente de su bolsillo será usted mismo, por eso no se quede con la óptica que le sugiere su médico, recorra los demás comercios y corrobore por sí mismo que hay mejores precios. Que le cobren menos no significará que el trabajo esté mal realizado, sino que ese comercio no hace un negocio de su salud.


