viernes, 9 de marzo de 2012

UN FELIZ ATERRIZAJE. La historia del Guaraní II y su llegada al Aero Club San Francisco. El primer avión argentino en cruzar el Atlántico

La pasión por volar le pertenece al hombre desde que supo desafiar su propia naturaleza, aunque no es de multitudes, hay quienes disfrutan su tiempo libre en el aire desde el Aero Club de la ciudad. Hace 10 años que el “Guaraní II” llegó a la entidad, no sólo para señalizar la entrada del predio, sino también para convertirse en emblema y reliquia de la institución. Detrás de esa nave y su colocación en el pedestal, una historia aguarda ser contada.

El ingreso al aeroclub debió esperar 69 años para contar con el emblemático avión, señalizando la existencia del lugar, pues más allá del pequeño cartel reglamentario de vialidad sobre la ruta, nada indicaba la presencia del club. Hasta el setenta aniversario, nunca prosperó ninguna gestión para conseguir un avión fuera de servicio.

El actual presidente de la institución y de la época de colocación del Guaraní, José Román, relató orgulloso la forma en que se consiguió la nave, y lo que ésta representa.  “No es fácil encontrar una máquina fuera de servicio para colocar afuera”, indicó Román. A través de una serie de pasos y “una buena dosis de suerte”, al decir del hombre, se conectaron con  un señor que hacía muchos años había sido piloto de la institución. El hombre sirvió de nexo para el arribo del avión que no fue por aire sino por tierra.

Mediante este piloto, Norberto Marchetto, que había formado parte de la institución hasta algún tiempo atrás, se realizó la gestión en la base aérea de Paraná. En aquélla ciudad había unos aviones desmantelados y hacía varios años fuera de servicio, precisamente lo que el Aero Club San Francisco necesitaba.

“Fue toda una movida traerlo, desarmarlo, transportarlo, intervino mucha gente; incluso hubo que cortar una parte de la cola, porque no pasaba por el túnel subfluvial.  Mucha gente fue hasta Paraná a ayudar a trasportarlo de manera voluntaria”, relató el presidente a Romántica. Más allá de la odisea que representó trasladar la nave, la satisfacción que trajo a los miembros del club, llegó a llenar los casi setenta años sin un emblema.

Cuando el Aero Club celebró su aniversario, el avión ya estaba en San Francisco, sin embargo el pedestal no había sido construido por falta de tiempo y presupuesto, por lo cual no pudo ser colocado donde correspondía. Permaneció casi un año estacionado en la plataforma, hasta que se pudo poner en el lugar donde estaba dispuesto.

Este avión no fue uno más, fue  una aeronave construida y volada en la época de oro de la aviación militar del país. Uno de los primeros transportes que tuvieron motor biturbohélice en América Latina, con mayor autonomía, velocidad y consumo. Semejante importancia, radica en que fue el primer avión construido en la Argentina en cruzar el Atlántico, pues sólo se realizaron 22 naves de este tipo, y una de ellas hoy engalana el ingreso al club. La nave tiene 19,6 metros de envergadura, 15 de largo y su cola mide casi seis metros.

Un fallido antecesor

Con anterioridad al Guaraní, en el club permaneció por largo tiempo un DC-3. Este avión fue encontrado en Colonia Marina, al parecer era tripulado por unos contrabandistas que lo abandonaron. En aquella época, el Aero Club quedó como depositario judicial y el avión fue trasladado a San Francisco. Estuvo por algunos años en la entidad y podía ser apreciado por todos, incluso por quienes transitaran por la ruta 19. Salió tres veces  a remate y no aparecieron compradores, por lo que la nave pasó a ser patrimonio del aeródromo.

Una vez que el DC-3 perteneció a la entidad, en la comisión directiva comenzaron a barajar dos posibilidades; que sirviera como elemento identificatorio del club o bien, venderlo y con ese monto adquirir aviones livianos. Finalmente prosperó la última postura, una importante reliquia histórica quedó reducida a chatarra y vendida por poco dinero. El avión era irrecuperable para volar, sin embargo podía haber cumplido perfectamente el papel que hoy tiene asignado el Guaraní II.

“Hay gente a la que no le gusta la historia, que no está en el tema de preservar cosas. Fue realmente una lástima que se haya perdido un DC3, una aeronave de mucho valor”, confesó Román. En el Aero Club sólo quedó una hélice de aquél antecesor, que puede verse en un monolito, dentro del predio.

Este año, se celebrará el 80 aniversario del club y según el dirigente, “no se hará un solo evento, sino que durante el año habrá encuentros y festivales”. Para Semana Santa se realizará un campeonato nacional de aeromodelismo, en noviembre, un campeonato nacional de planeadores y además de seguro un evento en relación al paracaidismo. “Lo que se hizo para los 70 años del club fue muy grande y hoy no estamos en las mismas condiciones económicas que entonces”, manifestó con nostalgia el actual presidente.


Han pasado casi diez años de la colocación del Guaraní II, para algunos es simplemente un avión, otros ni siquiera se han detenido a observar, muchos desconocen su historia. Sin embargo, hay para quienes esta nave representa parte de su vida, años de trabajo, esfuerzo, dedicación, satisfacción, un anhelo cumplido, un arduo, duro, pero feliz aterrizaje. 



jueves, 8 de marzo de 2012

GRACIELA, MANOS QUE CURAN EN SAN FRANCISCO (PARTE 2)

Nuevamente en la casa de Graciela, ya no tenía exclusividad, pues debí compartir la tarde con cientos de desconocidos. Nadie sabía quién tenía a su lado, todos venían con el único propósito de ser curados. Desde las cinco de la tarde hasta que el sol cayó estuve firme, me fui del lugar y aun continuaba llegando gente. Personas de todas las edades, mujeres con niños pequeños, hombres acompañando esposas, jóvenes por doquier, ancianos doloridos y esperanzados.
Precisamente a las cinco la mujer abrió las puertas de su casa, los aproximadamente quince que estábamos afuera ingresamos a aquél living, especie de santuario donde Graciela reza. Para asistir, al mediodía cada uno debe pasar por la casa a retirar un número de orden, con el que la mujer atiende. Aun así, hace muchas excepciones principalmente con ancianos y gente de otras localidades.
Alcancé a sentarme en un rincón, donde tenía vista privilegiada de lo que iba a acontecer, pues era tan grande la cantidad de gente que arribaba  a la casa que la puerta de entrada jamás se cerró. En primer lugar, una mujer se sentó a su lado, Graciela le preguntó su dolencia y en voz baja comenzó a rezar. Luego pasaron niños, mujeres mayores y personas que simplemente llevaban consigo un foto de un ser querido, ya que también con el retrato y el nombre completo, la mujer asegura que puede sanar.
Muchas de las personas que estaban a mi lado, eran asiduos visitantes de la señora que iban a agradecer y a que Graciela les rece nuevamente. Todo parecía normal, como cualquier persona cristiana que ora por la salud, no vi nada diferente, nada que me llamase la atención. Hasta que una mujer se sentó y sin tocarla, Graciela comenzó a toser y a hacer caras de preocupación. La señora se desvaneció, la tomó en sus brazos y cuando se reincorporó comenzó a llorar, fue lo más extraño que ocurrió aquella tarde. Sin embargo, eso no significaría que la mujer estuviese curada.
Algunos se acercaron solamente a dejar su testimonio en el libro de actas de la mujer. El padre de una pequeña trasplantada de médula, luego de escribirlo, relató para todos los presentes cual había sido el milagro concedido. Del mismo modo, una abuela contó en detalle el problema grave de salud que había tenido y que hoy era un simple recuerdo.
Graciela está convencida de lo que ella es capaz de hacer, pues su mirada honesta y trasparente le impediría estar fabulando. Aun así, pienso que lo que esta mujer hace,  es rezar, con cadenas de oración por quienes tienen su fe intacta y necesitan sostenerla. Es imprescindible ir varias veces, no es suficiente con un solo rezo. Aunque ella sostiene que “depende de cada caso”.
Al finalizar cada sanación, quien lo desee, ya que no es obligatorio, puede colaborar con dinero en una alcancía que tiene como fin la caridad a una institución de bien. Algunos dejan varios billetes, otros unos centavos y otros directamente no colocan nada. Esto último no es proporcional a la intensidad del rezo, por supuesto.
Estando en un pequeño espacio, donde por momentos, parecía faltar el aire, alrededor de 20 almas diferentes pasaron sentadas en la silla del lado. Con paciencia cada uno espera su turno y si hay alguna urgencia (llámese mujer grande, bebés o personas en sillas de ruedas) nadie se queja y aguardan su momento de oración. Cada semana se suman más personas que con fe ciega, y con la esperanza puesta en Graciela y su intercesión ante Dios, aguardan su sanación. No es  creer o reventar como sostiene el dicho, se trata simplemente de creer o no, sujeto, claro, a las debilidades del ser humano.



lunes, 5 de marzo de 2012

GRACIELA, MANOS QUE CURAN EN SAN FRANCISCO (PARTE 1)

Ella es sanfrancisqueña por adopción, su nombre es Graciela, una mujer simple con una mirada trasparente, que la exhibe tal cual es. No tiene filtros, pues dice lo que piensa y siente. Hace cuatro años tuvo una aparición en su casa, la Virgen de Guadalupe se dejó ver por ella al lado de la ventana. Desde aquél día, que precisamente celebraba su cumpleaños, la mujer descubrió que algo extraño le sucedía. Al siguiente día, encontró pétalos de rosas junto a una imagen de la misma virgen que tenía en su casa.

A las 21 fue la cita, sólo conocía su nombre y algo de lo que hacía. No sabía con qué me iba a encontrar esa noche, pero lo misterioso me atraía. Llegué a su casa, dispuesta a escuchar, a dejarme convencer de lo que me decía, a dejar de lado un débil escepticismo que hace poco tiempo me invade. No voy a negar que sentí intriga por saber cómo sucedía, pero mientras la escuchaba parecía que no existían explicaciones, que todo era una cuestión de fe.

Cuando ingresé a su domicilio, me recibió muy gustosa, con un cálido saludo. Pasamos de inmediato a un living lleno de imágenes religiosas, velas y flores, una especie de santuario, donde Graciela recibe todas las semanas infinidad de personas. Una mujer sumamente creyente y con mucha paz interior que trasmite con su mirada. Hasta aquí todo marchaba bien, yo estaba ahí frente a ella, iba a contarme todo acerca de su don, que mi pragmatismo me impedía creer.

Graciela afirma con total certeza que es una elegida como instrumento de Dios, pues ella reza haciendo una imposición de manos sobre el dolor o afección y las personas son sanadas. “El que cura es Dios”, dice Graciela todo el tiempo. La señora no cobra por su ayuda, pues ora día y noche por quien lo necesita. Todas las semanas recibe en su casa gran cantidad de personas, familias enteras que imploran su ayuda.

Cuando conversábamos sobre los “milagros” realizados, y ante mi cara de descreimiento, la mujer trajo a la mesa un libro lleno de hojas escritas con testimonios de quienes habían sido bendecidos, sanados y ayudados por ella. Páginas enteras con historias reales, firmadas con número de documento y en algunos casos hasta el teléfono de contacto.

Al leer los testimonios tuve una rara sensación, escalofríos me corrieron por todo el cuerpo, no voy a negar que sentí temor, al parecer estaba frente a algo lógicamente inexplicable. Quizás era cuestión de fe, tal vez se trataba de algo sobrenatural de lo que estaba siendo parte. Luego  Graciela me mostró un video acerca de la Virgen de Guadalupe, donde se relata la historia, similar a lo que le sucedió a ella misma.

Después de dos horas que pasaron desapercibidas, emprendí mi regreso a casa. Sin dudas fue una experiencia religiosa, de sus labios salieron historias muy fuertes, podía ser esta la oportunidad de amigarme con el misticismo. Ella no quiso hacer una nota porque considera que es una forma de publicitarse, y no es lo que pretende. Me comprometí a volver un día de oración, me interesa ver con mis ojos, lo que esos más de 150 testimonios dejaron boyando en mi cabeza.

miércoles, 22 de febrero de 2012

TRAGEDIA EN SA PEREYRA. 34 AÑOS DESPUÉS

El próximo sábado 25 de febrero se cumplirán 34 años de uno de los peores accidentes ferroviarios de la historia del país. El tren Estrella del Norte que se dirigía desde Tucumán a Retiro impactó con un camión en un peligroso cruce sobre la ruta nacional 19, a la altura de la localidad santafesina de Sa Pereyra. Producto de la tragedia 55 personas perdieron la vida.



El hecho se desencadenó en la mañana de aquél 25 de febrero de 1978, el tren que debía llegar a Buenos Aires, embistió a un camión cuando éste intentaba cruzar el paso a nivel antes que el Estrella del Norte. En el tren viajaban 2130 pasajeros.
Cuando faltaban unos dos mil metros para el cruce, el maquinista hizo sonar el silbato de la locomotora porque sabía que era una intersección muy peligrosa. La alarma del cruce hizo sonar su chicharra estridente al tiempo que se encendían los semáforos rojos intermitentes. Un coche de larga distancia pasó por las vías y detrás de él un camión con acoplado. Éste aceleró para pasar, pero el pesado vehículo respondió muy despacio.


Según los testigos del accidente, la locomotora había saltado de las vías y se desplomaba volcando paralelo a ellas, el tren siguió su recorrido por cientos de metros hasta que los dos coches del centro se fundieron incrustándose entre sí en un abrazo de hierros y maderas.


Los vecinos escucharon un estruendo y gritos de espanto y dolor que crecían en los instantes posteriores al impacto. Los habitantes de Sa Pereira, superados por un centenar de los pasajeros del tren se fueron multiplicando para ayudar, obedecieron órdenes de policías y bomberos que iban llegando desde San Jerónimo, Esperanza, San Francisco, Rafaela, Gálvez, Rosario, Santa Fe, Paraná, así como de otras poblaciones vecinas. El hecho conmocionó al país, pues murieron 55 personas y otras 55 resultaron gravemente heridas.


martes, 21 de febrero de 2012

"BURBUJAS DE AMOR" EN NÚMEROS

GRAN CANTIDAD DE VISITAS A LA PÁGINA DE FACEBOOK DE ROMÁNTICA 90.7 DEL

DÍA DE LOS ENAMORADOS EN SOLO DOS SEMANAS. IMPORTANTE PARTICIPACIÓN DE LOS OYENTES, SU 

REPERCUSIÓN Y ESTADÍSTICAS EN LA RED. 

EL DATO:


8.361 PERSONAS INGRESARON A  LA PÁGINA EN SÓLO SEIS DÍAS, RÉCORD DE VISITAS.


Total de "Me gusta"


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Alcance total de la semana

viernes, 17 de febrero de 2012

"EFECTO LLEGADA WALL MART" A SAN FRANCISCO

PÁGINA NEGRA EN LA HISTORIA DEL CARNAVAL SANFRANCISQUEÑO

La época de carnaval es un momento festivo, con mucho color, música y alegría. Es una de las fiestas populares históricamente más tradicionales. En San Francisco los carnavales fueron desde antaño celebraciones muy alegres, con desfiles, carrozas, disfraces, una ocasión que nadie quería perderse. Pero un desgraciado suceso a fines de los 60 empañó la fiesta y condenó a los sanfrancisqueños a varios años sin carnaval.

                                                                                          
            
Durante la década del 60 los carnavales en nuestra ciudad tuvieron su apogeo, pues los corsos eran el evento de mayor importancia en la zona, desfiles de innumerables carrozas y comparsas que venían de diferentes lugares, transformaban el empedrado y gris Bulevar 25 de Mayo, en el escenario de la fiesta. Desde la abuela hasta el más pequeño de la casa asistía con entusiasmo, todo un acontecimiento en la ciudad.



Los “Carnavales del Año 2000” se denominaban los corsos y eran organizados por la Cámara Junior de nuestra ciudad. Ésta era una institución de servicio, formada por jóvenes menores de 40 años que tenían una participación sumamente activa en cuestiones citadinas. Esta organización de fuerte presencia, empezó a desmoronarse junto a los corsos. Un desafortunado hecho provocó pánico entre los presentes y terminó con los carnavales en la ciudad.
En febrero del 69, la esquina de San Luis y 25 de Mayo fue testigo, junto a cientos de personas del horror. Las comparsas que venían de afuera tiraban bombas, una de ellas no se elevó y el mortero explotó, convirtiendo la fiesta en desgracia. La explosión desparramó esquirlas e hirió a muchas personas. “La  gente huía despavorida, muchos ensangrentados, fue realmente espantoso, no sabíamos para donde salir corriendo”, relata Ricardo Venier, un hombre que fue testigo junto a su pequeño hijo de aquél episodio.
Este señor, que hoy tiene 87 años,  se encontraba en ese momento junto a su hijo de siete disfrutando de la fiesta, cuando escucharon el fuerte estruendo y vieron como todos corrían desesperados. “Estábamos a unos sesenta metros del lugar y en ese amontonamiento de gente que gritaba y corría, perdí por unos segundos de vista a mi niño, la verdad es que fue terrible, muchísimos lesionados”, recuerda Venier.
Los pedazos de hierro desparramados con fuerza por el aire a no más de 50 centímetros del piso, ocasionaron importantes lastimaduras en la gente. Venier se acuerda que algunos heridos fueron subidos en camionetas y llevados al hospital. Quien tuvo la peor parte fue una mujer que perdió una de sus piernas con la explosión.
Este infortunado hecho provocó el final de la época dorada de los corsos en San Francisco y la desaparición gradual de la Cámara Junior en la ciudad. Después de este episodio, los carnavales se demonizaron y todo lo referido al tema era visto como desgracia. Con el paso de los años volvieron los festejos, aunque con menor importancia y aquél  desdichado final del carnaval de 69 quedó lisa y llanamente en el olvido.


Fotos Gentileza de la Fundación Archivo Gráfico y Museo Histórico de San Francisco